El rancho en que vivimos
Por enésima vez llego a una de las tantas escuelas nacionales de nuestra geografía. Una EBN, o Escuela Básica Nacional, es decir que depende del gobierno central y no de una gobernación estatal.
La gente como siempre muy colaboradora y entusiasmada con la actividad del planetario portátil. Llegamos e instalamos todo en un salón que nos prestan, el único con las dimensiones necesarias para alojar el planetario. Damos una vuelta por el plantel y conversamos con el profesor que nos invitó. La misma historia triste que se repite por todos lados. La escuela no tiene agua. Los baños realmente no debieran llamarse así, sin agua están en un estado lastimosamente insalubre. Las aulas de clase son demasiado calientes. El profesor me explica que hay un proyecto de colocarle aire acondicionado a unas y me muestra una instalación incompleta, unos aires que no funcionan, un cielo raso instalado a medias. El techo de las aulas es de zinc y el sol inclemente de nuestro país eleva la temperatura a niveles casi insoportables. ¿Y escuchan clase los niños aquí? pregunto ingenuamente. Pues si, me responde el profesor con un gesto de desesperanza. Algo apenado intenta explicarme algo relacionado con el presupuesto, los reales simplemente no alcanzan para estas cosas.
Los niños reciben al planetario como siempre, mucha alegría, todos muy motivados. Los atendemos en cinco sesiones que duran hasta muy entrada la tarde. Ya antes de las seis estamos con casi todo recogido listos para irnos. El aula que usamos ahora será ocupada por la gente de la Misión Ribas, al menos algo bueno de la revolución llega a esta escuela que tanta atención necesita.
La gente como siempre muy colaboradora y entusiasmada con la actividad del planetario portátil. Llegamos e instalamos todo en un salón que nos prestan, el único con las dimensiones necesarias para alojar el planetario. Damos una vuelta por el plantel y conversamos con el profesor que nos invitó. La misma historia triste que se repite por todos lados. La escuela no tiene agua. Los baños realmente no debieran llamarse así, sin agua están en un estado lastimosamente insalubre. Las aulas de clase son demasiado calientes. El profesor me explica que hay un proyecto de colocarle aire acondicionado a unas y me muestra una instalación incompleta, unos aires que no funcionan, un cielo raso instalado a medias. El techo de las aulas es de zinc y el sol inclemente de nuestro país eleva la temperatura a niveles casi insoportables. ¿Y escuchan clase los niños aquí? pregunto ingenuamente. Pues si, me responde el profesor con un gesto de desesperanza. Algo apenado intenta explicarme algo relacionado con el presupuesto, los reales simplemente no alcanzan para estas cosas.
Los niños reciben al planetario como siempre, mucha alegría, todos muy motivados. Los atendemos en cinco sesiones que duran hasta muy entrada la tarde. Ya antes de las seis estamos con casi todo recogido listos para irnos. El aula que usamos ahora será ocupada por la gente de la Misión Ribas, al menos algo bueno de la revolución llega a esta escuela que tanta atención necesita.
Etiquetas: vida







