Ayer encontré una misteriosa tarjeta de cartulina amarilla en el sitio donde el cartero usualmente deja la correspondencia, o sea en el mero piso de la entrada de mi casa. La tarjeta en cuestión era un aviso de Ipostel que me informaba con letra casi ilegible que había recibido algo de un lugar llamado "Helvetia". Mis hijos pelaron los ojos y me preguntaron que que extraña parte del planeta era Helvetia. Sonreí y les dije que pensaba que los amigos de Ipostel ignoraban que "Helvetia" era lo que nosotros los criollos llamamos Suiza.
La tarjeta decía que debía pasar recogiendo el paquete por la oficina de correos que queda en la calle Miranda, Nro. 22, en Turmero, hoy entre las 8 am y las 4 pm, así que este mediodía me decidí adentrarme en el caótico tráfico del centro de este pueblito que queda a unos minutos de mi casa. Me monté en el carro y de manera decidida me dirigí a Turmero. Al llegar al centro del pueblo no más hay que llegar casi hasta la plaza Bolívar y cruzar a la derecha en la primera calle. Allí hay una casa muy bien pintada con el aviso de Ipostel. Adentro había una fila de personas esperando atención por parte de una señora que atendía un escritorio. Yo entré mostrando claramente la cartulina amarilla que llamó la atención de una persona que estaba a la entrada. La persona me pidió ver la cartulina y me indicó amablemente que lo mío era directamente con el supervisor y me apuntó a una ventanilla. Allí le mostré la cartulina a un señor que estaba allí que procedió a revisarla y buscar en un armario. De allí sacó un pequeño sobre de color marrón con dos estampillas muy bonitas. La estampilla más grande decía "Helvetia". El remitente era mi amigo Silmariat, quien bajo su dirección colocó como país simplemente las iniciales CH, Confederación Helvética.
Salí agradeciendo a todos la atención y me monté de nuevo en mi automóvil para volver a la oficina. Coloqué el paquete sin abrirlo en el asiento del pasajero mientras sonreía imaginando al hechicero enviando sus mensajes navideños a todo el mundo. Enviando sus mensajes como todo un hechicero debe hacerlo, usando sus propias manos y mediante el correo ordinario en lugar de usar el impersonal mundo electrónico de hoy. Sinceramente esperaba que usara uno de esos búhos que uno ve en las novelas de Harry Potter, a lo mejor hubieran llegado más rápido, pero creo que los búhos esos no prestan servicio a muggles como yo. Ni modo, Silmariat tuvo que apostar a Ipostel que aunque algo tarde cumplió con su labor de manera impecable.
En un pequeño atasco a la salida de Turmero aproveché para abrir el sobre y ver su contenido. Una hermosa tarjeta hecha a mano con una estrella afuera. Me encantan las estrellas, eso Silmariat creo que lo sabe. Representan la vida y la continuidad infinita del universo. Son luz y calor. Lo contrario a la oscuridad. Adentro de las tarjetas palabras hermosas apropiadas para esta navidad que ya está atrás.
Gracias amigo.
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jueves, enero 10, 2008
martes, diciembre 25, 2007
Navidad
Son muchas las veces en que el escepticismo característico de los que tenemos la suerte de vivir en el siglo XXI nos tienta a racionalizar cualquier evento humano. Uno de ellos es la Navidad. Sabemos, la lógica nos lo dice, que la Navidad no es más que el producto de una religión, la cristiana. Y que como producto este evento fue escogido en esta época por razones religiosas y astronómicas desde luego. La Navidad tenía que coincidir con las antiguas costumbres paganas que rendían culto al solsticio de invierno en el hemisferio norte, de allí que fue una mera sustitución de una festividad muy antigua por otra más moderna y patrocinada por la religión del poder. Sabemos que de acuerdo a las escrituras la natividad no pudo haber ocurrido durante el invierno en aquella Palestina de hace ya unos dos mil años. Las escrituras mencionan la pascua judía como la causa del viaje de María y José a Jerusalem y su posterior estadía en aquel pesebre de Belén.
Pero ya nada importa realmente. Hace ya mucho tiempo de eso y las religiones al parecer no son lo que solían ser hace centurias. La Navidad moderna es un símbolo mucho más poderoso que une a la cristiandad con sentimientos festivos y con el explícito mensaje de compartir, amar y ser compasivos. Hay mucho de consumismo en todo esto desde luego, pero no hay que dejarse confundir. Hay que ver más allá de los árboles para admirar el bosque. Son millones los que hoy, día de Navidad del año 2007, siguen celebrando este día con la esperanza de que compartir y amarnos los unos a los otros es más importante que recibir algo material. Algunos somos afortunados de poder disfrutar una buena cena navideña venezolana con hallacas, pernil de cochino, ensalada de gallina y dulce de lechosa. Algunos no lo son tanto y esperan del colectivo esa mano que a veces el símbolo de la Navidad llama y fuerza a extender para ayudar. Allí está el verdadero símbolo. Lo trascendente.
Pero ya nada importa realmente. Hace ya mucho tiempo de eso y las religiones al parecer no son lo que solían ser hace centurias. La Navidad moderna es un símbolo mucho más poderoso que une a la cristiandad con sentimientos festivos y con el explícito mensaje de compartir, amar y ser compasivos. Hay mucho de consumismo en todo esto desde luego, pero no hay que dejarse confundir. Hay que ver más allá de los árboles para admirar el bosque. Son millones los que hoy, día de Navidad del año 2007, siguen celebrando este día con la esperanza de que compartir y amarnos los unos a los otros es más importante que recibir algo material. Algunos somos afortunados de poder disfrutar una buena cena navideña venezolana con hallacas, pernil de cochino, ensalada de gallina y dulce de lechosa. Algunos no lo son tanto y esperan del colectivo esa mano que a veces el símbolo de la Navidad llama y fuerza a extender para ayudar. Allí está el verdadero símbolo. Lo trascendente.
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