Comenzando el 2008 y ya la primera llamada de emergencia. Un cliente importante en una clínica local olvidó el detallito de actualizar el sistema tal como le indicamos. Además se fue de paseo bien lejos y no le quedó más remedio que llamarnos para que le aplicaramos el parche a su instalación para que así pudiera comenzar a facturar en la nueva moneda fuerte. Y como es apenas el tercer día del año tuve que ir yo mismo de voluntario. Afortunadamente la cuestión era bastante sencilla aunque algo delicada. Al parecer todo resultó bien.
Y como salí temprano de esta emergencia tuve tiempo de ir a una panadería cercana a comprar golfeados y tomarme un jugo. Así aprovechaba para cambiar el billete de Bs 50 mil que tenía en el bolsillo y así obtener algo de sencillo para pagar el estacionamiento. Seis golfeados para llevar y un juguito para calmar mi sed me costaron Bs.F. 13,70. Al salir de la panadería regresé al estacionamiento donde tenía el carro. Salí y en la taquilla le pregunté al dependiente que cuanto era. Me respondió con voz firme: un bolívar.
La gente ya está agarrandóle el paso a esta nueva economía "fuerte".
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jueves, enero 03, 2008
jueves, diciembre 20, 2007
De regreso

Anoche regresé de Maracaibo. Nada como desconectarse del mundo por unos días para concentrarse en el trabajo. Todo resultó muy bien y me dió la oportunidad de echarle una mirada al Zulia de finales del 2007. Todo luce festivo. Nada más mirar el gigantesco árbol de navidad del aeropuerto vale la pena.
La foto es del viaje de ida en el avioncito de Avior. Se ve el puente, majestuoso como siempre. Aunque estuve pendiente de que no se les fuera a formar un nudo en la garganta ni se les nublara la mente a los pilotos.
viernes, diciembre 14, 2007
Maracaibo
A punto de cerrar el proyecto. Viajo el lunes a la tierra del sol amada. Creo que me tocará estar unos días metido de lleno en la puesta en funcionamiento del software que le vendimos a este importante cliente. Ahora mismo estoy en el corricorre de lo que me tengo que llevar para que no se me olvide nada.
jueves, mayo 10, 2007
Viajando
Hace rato llegué de un corto viaje a Maracaibo. Tenía pendiente visitar a un cliente y por fin hoy pude ir. Fue algo rutinario, la parte del viaje al menos, no la parte del cliente ya que todos los proyectos son diferentes. Creo que he hecho ese mismo viaje como mil veces. Y casi siempre es igual. Madrugo y salgo a oscuras en mi carro rumbo al aeropuerto de Valencia. El aeropuerto está a unos 65 km de mi casa así que el trayecto debiera ser de algo menos de una hora. Bueno, hoy me tardé hora y media gracias al infernal tráfico mañanero de la zona industrial valenciana. Llegúe al terminal nacional cuando faltaban como unos quince minutos para que cerraran el vuelo. Afortunadamente no iba muy lleno el avión así que no hubo problemas. Esperé un rato en la salita que está en la puerta de salida y en minutos ya estaba en el aire mirando por la ventana del avión el nubladísimo cielo carabobeño.
El vuelo a Maracaibo dura algo así como cincuenta minutos. Hoy el clima en Maracaibo hizo que la aproximación fuera algo lenta. Tal vez había tráfico, no sé, pero el avión tardó un mundo en aterrizar después de que pasamos el lago. Ya en tierra tomé un taxi a la planta de mi cliente que queda en la vía a Perijá. Cuando llegué el taxista me cobró 35 mil bolívares por una carrerita de unos quince minutos. Increíble.
Así comenzó entonces mi visita a mi cliente. Pensaba que sería corta, pero no. Terminé pasando todo el día allí. Hasta me invitaron a almorzar en el comedor de la empresa.
Ya casi a las cuatro de la tarde pedí un taxi para ir de vuelta al aeropuerto. El tipo me esperó un rato mientras terminaba unos detalles con mi cliente y después muy amablemente me llevó al aeropuerto. En el trayecto, casi llegando, me preguntó que cuanto me había cobrado el taxista en la mañana. Yo rápidamente le contesté que 25 mil. Él me dijo que normalmente su tarifa era de 20 mil pero que como lo había hecho esperar me iba a cobrar los mismos 25 mil. Le pagué mientras pensaba que debí haber respondido 20 mil...
El vuelo de regreso fue aburrido. El paisaje desde el avión lucía completamente nublado. La ruta que tomó el piloto fue ir directo a Puerto Cabello una vez que cruzó la costa oriental del lago. En Puerto Cabello giró suavemente al sur mientras descendía y allí apareció Valencia entre las nubes. Minutos después aterrizábamos suavemente en el Arturo Michelena.
Cuando viajo solo tengo como vicio oir silenciosamente conversaciones ajenas. No lo hago de manera de importunar o algo así, solo cultivo esto de voyeur que nos lleva a bloguear. Creo que hoy escuché un par de conversaciones que me hicieron reflexionar. La primera era de un tipo contándole a su amigo como él había sufrido un infarto estando joven y que en definitiva cualquiera estaba expuesto a este tipo de peligros, no solamente los que no se cuidan. Después de contarle su experiencia cardíaca la conversación se diluyó en anécdotas mutuas de enfermedades o muertes de amigos y familiares. Tendemos a ponernos algo macabros cuando hablamos de estas cosas. La segunda conversación era de unas personas que lucían como vendedores corporativos. Hablaban de sus metas, de sus "forecasts", de los millones de dólares que tenían que vender, que si la meta del "cuarto" (así le dicen a los trimestres los amigos corporativos). Yo pensaba en silencio que una vez pertenecí a ese mundo donde todo giraba en torno a millones de dólares que se iban para otro país. También tenía celulares y laptops y cuanto aparatico hay para que a uno lo ubiquen para dar algún precio o cerrar algún negocio. Afortunadamente ahora uso el celular para saludar amigos y llamar a la familia. ¿Y los negocios? Bueno pues solo con amigos y familia, y siempre que sean divertidos.
La tarde terminó conmigo recorriendo de vuelta una pacífica autopista regional del centro. Parece que medio mundo estaba atrapado en la autopista que llaman variante de Bárbula y la cola allí llegaba a diez kilómetros.
El vuelo a Maracaibo dura algo así como cincuenta minutos. Hoy el clima en Maracaibo hizo que la aproximación fuera algo lenta. Tal vez había tráfico, no sé, pero el avión tardó un mundo en aterrizar después de que pasamos el lago. Ya en tierra tomé un taxi a la planta de mi cliente que queda en la vía a Perijá. Cuando llegué el taxista me cobró 35 mil bolívares por una carrerita de unos quince minutos. Increíble.
Así comenzó entonces mi visita a mi cliente. Pensaba que sería corta, pero no. Terminé pasando todo el día allí. Hasta me invitaron a almorzar en el comedor de la empresa.
Ya casi a las cuatro de la tarde pedí un taxi para ir de vuelta al aeropuerto. El tipo me esperó un rato mientras terminaba unos detalles con mi cliente y después muy amablemente me llevó al aeropuerto. En el trayecto, casi llegando, me preguntó que cuanto me había cobrado el taxista en la mañana. Yo rápidamente le contesté que 25 mil. Él me dijo que normalmente su tarifa era de 20 mil pero que como lo había hecho esperar me iba a cobrar los mismos 25 mil. Le pagué mientras pensaba que debí haber respondido 20 mil...
El vuelo de regreso fue aburrido. El paisaje desde el avión lucía completamente nublado. La ruta que tomó el piloto fue ir directo a Puerto Cabello una vez que cruzó la costa oriental del lago. En Puerto Cabello giró suavemente al sur mientras descendía y allí apareció Valencia entre las nubes. Minutos después aterrizábamos suavemente en el Arturo Michelena.
Cuando viajo solo tengo como vicio oir silenciosamente conversaciones ajenas. No lo hago de manera de importunar o algo así, solo cultivo esto de voyeur que nos lleva a bloguear. Creo que hoy escuché un par de conversaciones que me hicieron reflexionar. La primera era de un tipo contándole a su amigo como él había sufrido un infarto estando joven y que en definitiva cualquiera estaba expuesto a este tipo de peligros, no solamente los que no se cuidan. Después de contarle su experiencia cardíaca la conversación se diluyó en anécdotas mutuas de enfermedades o muertes de amigos y familiares. Tendemos a ponernos algo macabros cuando hablamos de estas cosas. La segunda conversación era de unas personas que lucían como vendedores corporativos. Hablaban de sus metas, de sus "forecasts", de los millones de dólares que tenían que vender, que si la meta del "cuarto" (así le dicen a los trimestres los amigos corporativos). Yo pensaba en silencio que una vez pertenecí a ese mundo donde todo giraba en torno a millones de dólares que se iban para otro país. También tenía celulares y laptops y cuanto aparatico hay para que a uno lo ubiquen para dar algún precio o cerrar algún negocio. Afortunadamente ahora uso el celular para saludar amigos y llamar a la familia. ¿Y los negocios? Bueno pues solo con amigos y familia, y siempre que sean divertidos.
La tarde terminó conmigo recorriendo de vuelta una pacífica autopista regional del centro. Parece que medio mundo estaba atrapado en la autopista que llaman variante de Bárbula y la cola allí llegaba a diez kilómetros.
jueves, mayo 03, 2007
Misión abortada
Acá en nuestro país un avión se descompone y a los pasajeros se les dice que no hay mucho que hacer. Que si quieren se aguantan todo el día en el aeropuerto o que si no vuelen otro día. Yo opté por esto último. Cancelé el viaje ya que no había manera de que pudiera llegar a mi reunión. Será la semana que viene que viaje a Maracaibo.
miércoles, mayo 02, 2007
Maracaibo
Maracaibo para mi siempre ha sido una ciudad especial. Debe ser porque he pasado muy buenos ratos allá y tengo amistades de muchos años que se han mantenido fielmente en el tiempo. Mañana voy a pasar el día allá, razones profesionales ya que tengo una reunión con un cliente en la mañana. La tarde supongo que la pasaré en el aeropuerto buscando como volver, eso si no lleno mi agenda de alguna manera.
martes, abril 17, 2007
Central Venezuela

La foto la tomé con el celular así que está algo oscura. Creo que no es nada más la camarita del celular, el día también estaba algo oscuro, nublado y con llovizna. Es del Central Venezuela que queda en El Batey, Edo. Zulia, y es donde pasé la semana pasada entregando el proyecto de sincronización de turbogeneradores.
lunes, abril 09, 2007
Otra vez al fin del mundo
En unos minutos voy saliendo al fin del mundo. Es así como llamo a donde está la planta de mi cliente, en el sur del Lago de Maracaibo. Un lugar hermoso y apacible a los pies de la Cordillera de los Andes donde se confunde la amabilidad andina con la alegría zuliana. Aunque para mí solamente serán días de intenso trabajo. Estaré junto con un equipo de especialistas poniendo en funcionamiento una planta de generación de electricidad movida por vapor generado por la combustión de bagazo de caña de azúcar.
Estaré alejado de la internet y del mundo. Si todo va bien estaré de vuelta el fin de semana.
Estaré alejado de la internet y del mundo. Si todo va bien estaré de vuelta el fin de semana.
martes, abril 03, 2007
Martes santo
Esta mañana me levanté con esa flojera que da darse cuenta de que hay que ir a la oficina un martes santo. Fuí al baño a darme una ducha y afeitarme. Cuatro días sin afeitarme y ya casi que soy el Dr. House.
Para mi sorpresa al salir de la urbanización noté un gran congestionamiento de tráfico. Pensé que por Semana Santa ya muchos estaban en la playa. Puede ser, pero los amigos fiscales de tránsito se encargaron de mantener a La Encrucijada igual que todos los días, una tranca total. Tomé un atajo y me dirigí a la oficina, muy lentamente, el tráfico estaba insportable. Mi cliente me llamó para recordarme que le debía una oferta. Le dije que en una hora estaba allí. A esa hora todavía pensaba ingenuamente que llegar a la oficina a recoger el sobre y dirigirme al otro extremo de la ciudad apenas me llevaría máximo cuarenta minutos. Tardé más de hora y media. El tráfico parecía de Diciembre. Y para colmo mis clientes tienen la oficina en la vía hacia El Limón, justo por donde miles de temporadistas tienen que pasar para ir a la costa aragüeña. Y fiscales por todos lados con alcabalas pidiendo papeles y parando a todo el que tuviera cara de "sospechoso". Congestión total.
Entregué mi sobre pasadas las once y media y me dispuse a volver a Cagua. Esta vez no pensaba atravesar la ciudad. Tomaría la autopista que me llevaría raudo y veloz... como una tortuga... el tráfico era increíble. Miles de vehículos iban en mi misma dirección a velocidad de morrocoy.
Ahora estoy en casa revisando preparando mi viaje de la semana que viene. Y lo peor es que me acabo de dar cuenta de que tengo que volver a la oficina a buscar otros documentos que olvidé.
Para mi sorpresa al salir de la urbanización noté un gran congestionamiento de tráfico. Pensé que por Semana Santa ya muchos estaban en la playa. Puede ser, pero los amigos fiscales de tránsito se encargaron de mantener a La Encrucijada igual que todos los días, una tranca total. Tomé un atajo y me dirigí a la oficina, muy lentamente, el tráfico estaba insportable. Mi cliente me llamó para recordarme que le debía una oferta. Le dije que en una hora estaba allí. A esa hora todavía pensaba ingenuamente que llegar a la oficina a recoger el sobre y dirigirme al otro extremo de la ciudad apenas me llevaría máximo cuarenta minutos. Tardé más de hora y media. El tráfico parecía de Diciembre. Y para colmo mis clientes tienen la oficina en la vía hacia El Limón, justo por donde miles de temporadistas tienen que pasar para ir a la costa aragüeña. Y fiscales por todos lados con alcabalas pidiendo papeles y parando a todo el que tuviera cara de "sospechoso". Congestión total.
Entregué mi sobre pasadas las once y media y me dispuse a volver a Cagua. Esta vez no pensaba atravesar la ciudad. Tomaría la autopista que me llevaría raudo y veloz... como una tortuga... el tráfico era increíble. Miles de vehículos iban en mi misma dirección a velocidad de morrocoy.
Ahora estoy en casa revisando preparando mi viaje de la semana que viene. Y lo peor es que me acabo de dar cuenta de que tengo que volver a la oficina a buscar otros documentos que olvidé.
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