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jueves, mayo 06, 2010

Singularidad Tecnológica



Un avanzado robot fabricado por seres inteligentes del planeta Tierra explora el vecino Marte. Opportunity, el nombre del robot, es una compleja sonda casi autónoma diseñada para explorar rocas marcianas. Es capaz de deambular por el terreno marciano y analizarlo usando avanzados instrumentos. Posee además un sofisticado sistema de telecomunicaciones con el cual envía fotografías de alta resolución y datos sobre la química de las rocas marcianas y sobre la metereología del lugar. Oppy, su diminituvo por cariño, es controlado desde la Tierra. Científicos e ingenieros le envían instrucciones sobre que hacer desde una distancia que en la actualidad es de casi doscientos millones de kilómetros. Oppy ha estado explorando Meridiani Planum los últimos seis años, en los cuales ha recorrido calmadamente un poco más de veinte kilómetros. Oppy depende de la luz solar para mantener su temperatura de funcionamiento y alimentados todos sus circuitos eléctricos, siendo por supuesto su cerebro una compleja computadora capaz incluso de tomar decisiones de navegación por si sola.

Pero la pregunta que muchos nos hacemos cuando vemos maravillados lo que puede hacer Oppy y su hermano gemelo Spirit quien está del otro lado del planeta Marte en el cráter Gusev, es si estos avanzados robots piensan. Aunque sea un poquito. ¿Cuándo consideramos que una máquina es "inteligente" desde el punto de vista humano?

Es una importante pregunta. Claro que la respuesta es no. Ni Oppy ni Spirit piensan o están remotamente cerca de pensar. Son autómatas programables. Pero muy avanzados. Hacen cosas que hace décadas ni siquiera nos imaginaríamos en una máquina. Como por ejemplo esquivar obstáculos en el terreno marciano nada más "viendo" como lo haría una persona, o un animal terrestre. Es un gran avance y lo utilizamos para explorar otro planeta sin necesidad de enviar a un frágil astronauta y exponerlo a la rudeza de otro mundo. Pero no piensan.

La inteligencia artificial es algo que durante muchos años ha estado en el terreno de la ciencia ficción. Pero creo que poco a poco se están dando avances hacia allá. Cada vez más el hardware de las computadoras es más veloz y poderoso, cada día se escribe más y mejor software. Allí es cuando uno tiene que revisar conceptos interesantes como el de la Singularidad Tecnológica. En algún momento podremos fabricar máquinas tan o más inteligentes que los seres humanos y estas a su vez podrán fabricar otras más inteligentes todavía y habrá una explosión de inteligencia artificial. Estas ideas me han hecho reflexionar sobre dos cosas interesantes.

La primera es que la tecnología actual está siendo desarrollada completamente por el cerebro humano que es una máquina que piensa cuya base es biológica. Además sabemos que el cerebro humano ha permanecido más o menos constante durante milenios. No somos mucho más inteligentes que nuestros antepasados egipcios que construían pirámides hace ya milenios. En lo que construyamos máquinas más inteligentes que nosotros, la tecnología que estas máquinas serán capaces de desarrollar será prácticamente incomprensible para nuestro limitado entendimiento. Habrá un desarrollo exponencial de tecnologías nuevas que cambiará todo. Esto es una singularidad tecnológica.

La segunda es la siguiente. Supongamos que todas las civilizaciones del universo pasan por recorridos parecidos al nuestro acá en la Tierra. Todas comienzan con coacervados y poco a poco van evolucionando en seres inteligentes capaces de crear computadoras y radiotelescopios por decir dos cosas. En el transcurso de unos cuantos miles de millones de años son capaces de llegar más o menos a donde estamos nosotros actualmente pero en algún momento experimentan la siguiente singularidad tecnológica y crean máquinas, no biológicas, que piensan y son más inteligentes. Son estas máquinas las que podrán explorar el espacio y conquistar planetas, estrellas y galaxias. Es posible que las civilizaciones extraplanetarias sean no biológicas. Máquinas pensantes muy avanzadas capaces de replicarse. Y además que no respiran ni les afecta el paso del tiempo. Ideales para la conquista del espacio. Algo sabemos de ello ya que dos robots nuestros viven en Marte desde hace tiempo y siguen conversando con nosotros.

La foto es de Oppy y una roca llamada Isla Marquette que al parecer proviene de las profundidades de la corteza marciana. La marca que tiene la roca es de la herramienta abrasiva de Oppy y mide unos cinco centímetros de diámetro. Cortesía de NASA y el JPL

sábado, julio 11, 2009

No, no es como en Viaje a las Estrellas

Esta mañana revisando twitter me encontré con esta nota que publica Wayne Hale, antiguo director del programa del Transbordador Espacial de la NASA. Wayne comenta en la nota de su blog que nuestra generación de una y otra forma resultó algo perjudicada por la utopía que Gene Roddenberry y su elenco nos mostraba cada día en los famosos capítulos de la serie Viaje a las Estrellas. Ese futuro lleno de emocionantes aventuras entre los planetas de la Galaxia está resultando cada vez más lejano e incierto. Pasan y pasan los años y nada que descubrimos exóticas formas de vida inteligente o civilizaciones alienígenas. Parece que estamos como estancados, apenas orbitando nuestro planeta y si acaso explorando tímidamente los planetas más cercanos.

La vida real no está resultando como en Viaje a las Estrellas. Y si Wayne, que trabaja todavía en la NASA, lo dice con algo de desesperanza al ver como a esa agencia le recortan el presupuesto para atender gastos militares y guerras en otros países, pues que quedará para nosotros habitantes de un tropical país del tercer mundo donde todavía se tiene la creencia de que un líder mesiánico es mejor que crear una estructura sólida de verificaciones y equilibrios.

Nuestro tercermundista pero querido país necesita con mucha urgencia de esa visión increiblemente positiva que tenía la serie Viaje a las Estrellas. Eso que Wayne muy acertadamente comenta al final de su nota: "el trabajo duro, arriesgar, buen juicio, confianza, y compasión nos llevará a grandes beneficios a toda nuestra sociedad. A todas las sociedades de la Tierra."

Muchos dirán que nuestra revolución bolivariana es justamente eso. Yo sinceramente lo dudo. Nada más basta echar un vistazo alrededor para ver que la gran visión socialista de nuestro gobierno no será más que un fracaso más, a expensas de un valioso tiempo perdido.

miércoles, marzo 19, 2008

Sir Arthur C. Clarke



Estaba anoche en un cumpleaños cuando me llegó el mensaje al teléfono. Sir Arthur C. Clarke había muerto temprano en la madrugada en su casa en Sri Lanka. Sir Arthur había cumplido ya los noventa y a esa edad creo que uno vive ya confiado en que cualquier día puede ser el último. Aunque no creo que un espíritu aventurero y soñador como el de Sir Arthur se haya sentido abrumado por ese sentimiento. Creo más bien que se fue con la convicción de que su vida fue fructífera y estimada por todos.

Sir Arthur C. Clarke estuvo presente en mi afición a la ciencia ficción durante al menos las pasadas tres décadas. Ví el 2001 de Kubrick y eso me forzó a leer su novela. Y luego muchos otros escritos todos donde hacía gala de su infinita confianza en el ser humano o donde nos echaba en cara nuestra también infinita estupidez.

Dos imágenes de Sir Arthur me vienen. La primera cuando lo ví en algún documental donde lo entrevistaban al lado de un telescopio Celestron, igual al que tengo, pero más grandote. Me alegraba saber que él tenía uno igual al mío.

Otra imagen un poco más reciente. A fines del año pasado Sir Arthur envió un mensaje a los científicos que exploran el planeta Saturno y sus lunas con el navío Cassini. La nave iba a pasar muy cerca de la luna Iapetus y esto, para los que leyeron 2001, es muy importante ya que es la luna del enigma de la novela, la luna del monolito.

Solo espero que se cumplan sus tres últimos deseos.